domingo, 16 de julio de 2017

CUBA 2017

 
Cuba, oficialmente la República de Cuba, es un país situado en un archipiélago del Mar Caribe. Está dividido en quince provincias y La Habana, localidad más poblada, es su capital. Completan el archipiélago la Isla de la Juventud, y numerosas pequeñas islas, denominadas cayos: Cayo Coco, Cayo Guillermo, Cayo Largo, Cayo Santa Maria y otros... Rodean la isla el estado de Florida, las Bahamas, México, las Islas Cayman, Jamaica y La Española. Tiene cerca de 12 millones de habitantes, y casi tres millones viven en La Habana. Junto a La Española, Jamaica y Puerto Rico, es una de las cuatro Antillas Mayores. Cuba se mantuvo como colonia española hasta 1869, y como provincia española hasta 1898.
Sus principales actividades son las exportaciones de azúcar, tabaco, café, productos farmacéuticos y mano de obra especializada, así como el turismo.
Tiene dos tipos de moneda: el Peso Cubano (CUP) y el Peso Cubano Convetible (CUP), que es el que utilizan los turistas, porque la moneda local no tiene apenas valor. Un peso convertible equivale a día de hoy a 1.09 euros.  

LA HABANA
No cambio callejear esta ciudad por nada. Me encanta mezclarme entre las eternas sonrisas de la gente del lugar y observar todos y cada uno de sus pintorescos rincones, los conocidos y los abandonados. Los edificios rotos, como si hubieran sufrido un reciente bombardeo, las ventanas sin cristales, por las que se asoman tímidas las cabezas de observadoras mujeres que parecen espiar a los viandantes, las coladas de ropa con tremendos agujeros secándose al sol, hombres fumando sentados a las puertas de sus casas, jóvenes que piropean a todas las mujeres que pasan a su lado y niños corriendo y saltando detrás de una pelota. 
La Habana es una ruina. Pero es una ruina Patrimonio de la Humanidad...Por algo será... La música en directo de voces espectaculares que nunca llegarán a ser famosas se cuela en tus oídos al doblar casi cada esquina. Estampas que guardo en mi retina y espero algún día volver a disfrutar; porque La Habana es única: para bien o para mal. O pasa desapercibida como una ciudad vieja sofocante y medio abandonada al paso del tiempo o la ves con los ojos de la melancolía, como un lugar que te da la posibilidad de volver a presenciar la vida como pudo ser casi setenta años atrás, caminando, en cocotaxi, en bicitaxi o sentada en el asiento de un reluciente, cuidado y colorido chevrolet de los años 40 o 50, un tesoro sin precio para sus dueños... Pasear por el malecón sin prisa, con un mar en calma de fondo y una puesta de sol espectacular me hace sentir en paz. Disfruto cada minuto con una intensidad única, en silencio, interiormente: La Habana Vieja, el Vedado, Miramar, Centro Habana,... ¿Qué ciudad en el mundo ofrece algo así? Y hoy, viendo las fotos de nuevo por enésima vez, me doy cuenta de que sin duda es uno de los destinos a los que quiero regresar.
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02 de Julio de 2017
Partimos rumbo a La Habana con la compañía evelop! en el vuelo E9 0825 desde el aeropuerto Adolfo Suárez Barajas Madrid, a las 13,30h; aunque acabamos despegando cerca de las 14h. La duración del viaje es de unas 9 horas. El visado de entrada se recoge directamente junto a los mostradores de facturación en Madrid. Todo está listo.

Al bajar del avión, sobre las 17h hora local, rápido nos recibe la ola de calor caribeño tan típica, que se pega a la piel para acompañarte durante cada uno de los minutos que te muevas por esa zona del planeta. 
Os dejo un par de mapas de La Habana
 
Una mujer de la oficina de turismo cubana que se encarga de organizar los traslados allí, espera a que nos acerquemos a ella para darnos las instrucciones del transfer. Salimos del hall del aeropuerto en busca del autobús que nos llevará al hotel: Iberostar Parque Central, clasificado como cinco estrellas, en régimen de alojamiento y desayuno. Se encuentra a unos 25 minutos de distancia del aeropuerto, ubicado en La Habana Vieja. Está en un lugar perfecto, muy cerca de muchos puntos de interés a los que se puede llegar caminando en un momentito.
La habitación es amplia y el baño está bien equipado con champú, gel de ducha, cepillo de dientes, crema del cuerpo, jabones, secador, espejo de maquillaje, albornoz, zapatillas, ducha y bañera. Las camas muy cómodas.
La conexión a internet mediante el Wi-Fi del hotel es de pago. Tarjetas de 1 hora de conexión a 2CUC, y solo accesible desde la recepción del hotel, a las habitaciones no llega la conexión. Las tarjetas se pueden utilizar en todo el país.
En la planta superior tiene una piscina, una terraza y un bar, desde donde se pueden contemplar unas preciosas vistas de la ciudad, beber o comer algo.
Después de una ducha y un poquito de descanso, salimos a cenar. El conserje del hotel nos habla de un restaurante que no está demasiado lejos. Damos un paseo y llegamos a La Makina.
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Para mí, nada recomendable. La comida es escasa y cara. No está mal de sabor, pero no merece la pena pagar esos precios. Lo único bonito era la voz de dos chicos que estaban cantando en la terraza mientras cenábamos.
Cuando terminamos, dando un paseo volvimos al hotel a descansar, porque queríamos levantarnos no muy tarde para aprovechar bien el día completo. 
La Habana es por lo general una ciudad muy segura. Solo rcomiendan no perderse por callejones oscuros, como en cualquier gran ciudad del mundo.
03 de Julio de 2017
Después de desayunar en el hotel, por cierto, un buffet maravilloso, preguntamos al conserje cómo podíamos hacer para alquilar un tour por la ciudad. Por casualidad, allí mismo estaba un chico que tenía un coche para alquilar, así que acordamos con él recorrer la capital, para tener una primera toma de contacto. 
El nombre del chico es José Antonio Valderrama. Aquí os dejo su teléfono, con su previo permiso, por si os interesa: +53 5 2595171 . Es muy agradable y divertido. Se puede llegar a una acuerdo de precio razonable.  Estuvimos con él prácticamente todo el día, y nos enseñó un montón de rincones bonitos de La Habana, en un recorrido muy muy completo; comió con nosotras y después de dejarnos en el hotel para descansar un rato por la tarde, volvió a recogernos por la noche para enseñarnos un poco de la vida nocturna de la ciudad. 
Durante el día callejeamos y recorrimos diferentes puntos de interés. Pasamos por delante del Capitolio, que estaba muy cerca de nuestro hotel. Construido en 1929, ahora es sede de las dos cámaras del Congreso o cuerpo legislativo de la República de Cuba. Puede ser visitado por el público, y se ha convertido en una de las imágenes icónicas de la capital. ​ ​
La famosísima Plaza de la Revolución, que es una de las plazas públicas más grandes del mundo, con 72.000 metros cuadrados. En ella se encuentra el monumento a José Martí, político republicano democrático, literato modernista, filósofo, periodista y organizador de la Guerra de Independencia de Cuba, que hoy día da nombre al Aeropuerto Internacional de La Habana. Y el famoso relieve del Che Guevara, con el escrito Hasta la victoria siempre.
 
El monumento a José Martí tiene una altura de 112,75 metros hasta la torre de remate y de 141,995 hasta los faros y banderas. Constituye el punto más alto de la Ciudad de La Habana.  En el área de la base del monumento se encuentra el Memorial José Martí, en el que se leen 79 pensamientos suyos grabados con letras color oro. La planta superior es una copia exacta de la planta baja. En el piso están reflejadas las distancias existentes entre el monumento y las capitales de 43 países, así como de 8 lugares del territorio nacional. Desde sus balcones, en días de gran visibilidad, se puede divisar el paisaje habanero a una distancia de 60 kilómetros aproximadamente. Para llegar hasta la parte alta, se puede subir en ascensor o por una escalera de 567 peldaños. 
Otro edificio precioso es el Gran Teatro Alicia Alonso, en una de las esquinas del Paseo de Prado, reconstruido a inicios del siglo XX, sobre un teatro anterior.


 

La siguiente parada fue una calle muy curiosa,  Fusterlandia, en la que vivía José Rodríguez Fuster, un artista inspirado en la obra de Gaudí y de Picasso, con las casas llenas de coloridos azulejos,  así como la casa del propio artista. La entrada a la casa es gratuita.







Y tras esa calle,  el conocido cabaret Tropicana, para tomar algo fresco y descansar un poco del sol justiciero de la mañana. La entrada al espectáculo nocturno cuesta entre 75 y 90 euros. 

Después de refrescarnos, y entre truenos y un cielo que cambió su color de azul brillante a gris marengo, nos dirigimos al Paladar Doña Carmela, donde, como curiosidad, nos sentaron a comer en una de las mesas donde estuvo comiendo la cantante Beyoncé... ¿Quiere decir que los precios eran muy altos? No necesariamente. Se mantenían en la línea del resto de restaurantes (que no son para nada económicos). No teníamos reserva, pero José Antonio nos consiguió una mesa en el jardín exterior; y fue muy de agradecer, porque la verdad es que el lugar estaba lleno de gente.
Aquí dejo la carta.
Tras la comida con actuación musical nos fuimos a visitar uno de los fuertes que protegían la ciudad en tiempos de corsarios.  Estas fortalezas están muy bien conservadas,  y desde ella se disfruta de unas vistas maravillosas de la ciudad.  

Habiendo disfrutado del lugar durante un ratito, volvimos hacia la zona de la Habana Vieja, donde estaba nuestro hotel.  
Y finalmente cayó el diluvio universal!! Así que nos refugiamos en un bar mientras la lluvia no daba tregua... ¿Un mojito? Pasad y hacedlo vosotras mismas!! 
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Quedamos con José Antonio,  para que nos viniera a recoger sobre las nueve de la noche para llevarnos al restaurante que habíamos reservado en la zona del Vedado: El Cocinero.








El Cocinero era una antigua fábrica de aceite , que hoy ha sido transformada en uno de los restaurantes más conocidos de la ciudad.  Tiene como símbolo una gran chimenea,  que lo hace fácil de localizar.
Teníamos reserva hecha por Internet,  pero sin confirmar... Por suerte había llovido esa tarde noche y no había mucha gente; teníamos mesa en una de las terrazas.
El lugar tiene una decoración con mucho gusto,  simple pero elegante; con música ambiental de fondo y la luz justa para pasar una velada íntima y agradable con tu pareja o charlando entre amigos.
Los precios de la carta no son muy económicos, pero tampoco se disparan.  Pedimos pollo con una salsa de bechamel (escasa...Pero el chico que nos atendió en la mesa, muy amable, nos trajo más aparte) y pescado a la plancha acompañado de verduritas.
Una vez que terminamos de cenar, decidimos conocer un poco de la vida nocturna de la capital y nos fuimos a una discoteca bastante conocida: Fantaxy.
La entrada es libre,  al menos para las mujeres.  Dependiendo de lo que pidas para beber tienes derecho a sentarte en un lugar u otro de la discoteca... Zonas más  o menos VIP.  Es un local pequeño,  pero rápido se llenó  de gente.  Es uno de los pocos sitios que abre hasta las 5 de la mañana.
Tras la fiesta,  José Antonio nos llevó de vuelta al hotel, y allí ya nos despedimos de él, porque al día siguiente tenía trabajo fuera de La Habana y el posterior nosotras nos íbamos a Cayo Coco.

04 de Julio de 2017
Al que madruga Dios le ayuda.  Desayuno en el estupendo buffet del hotel y a la calle!  Un día espléndido!  Demasiado... El sol aprieta duro y después de un rato caminando por las calles de la Habana Vieja decidimos tomar un coche de caballos que nos lleva a hacer un recorrido por la ciudad,  casi más para descansar un poco los pies que para ver nada. Nos subimos en la plaza de la catedral...




Y nos acercamos la Bodeguita del Medio. Un bar como otro cualquiera, de hecho,  otros bares tienen bastante más encanto,  porque no están tan saturados como ese, conocido porque numerosos escritores, políticos o artistas solían pasar ahí sus ratos. Hemingway, Neruda o Salvador Allende entre otros...






De camino al hotel paramos en unas tiendecitas de souvenirs para comprar algún recuerdo.
Otro de los bares de visita obligada es el Floridita.
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Por la noche,  la cena fue un poco improvisada.  Estaba lloviendo,  por lo que no apetecía demasiado caminar por las calles para ponerte como una auténtica sopa... Así que nos subimos en una bicitaxi y nos llevó a dar una vuelta.


Como no habíamos cenado, nos pararon en un restaurante llamado La Familia. De precio  en la línea de los demás. Esa noche yo no cené porque no tenía hambre,  pero el resto del grupo dice que es uno de los sitios donde mejor han comido.


Eso sí,  para encontrar el sitio... Tela marinera. Hay que entrar al portal de una casa ruinosa y empezar a subir escaleras con unos escalones muy chiquitos, que llevan a lo que sería una azotea semicubierta, a la parte alta del edificio, donde se encuentra la cocina , a la vista de los comensales, y el comedor. Es peculiar. Terminada la cena,  regresamos en bicitaxi al hotel.
Como el tiempo no acompañaba demasiado decidimos no salir,  aunque nos quedamos con las ganas de ir a la Casa de la Música...
Dicen que las cosas siempre pasan por algo,  y afortunadamente parece que así es.  Esa noche nos dejron una nota por debajo de la puerta de la habitación para informarnos de que habían cambiado nuestro vuelo a Cayo Coco,  y que en lugar de salir por la tarde,  al día siguiente,  nos venían a recoger esa madrugada a las 3.30 de la mañana. Así que a hacer maletas y a descansar un ratito antes de salir.  Finalmente, el autobús que nos llevaba al aeropuerto nos recogía a las 4.30 de la mañana.
Parece ser que hay dos vuelos diarios a Cayo Coco: uno por la mañana y otro por la tarde;  pero el vuelo de la tarde no tiene demasiada gente,  y reubican a los pasajeros en el vuelo de la mañana. Suerte que la noche anterior no nos dio por salir... O ese vuelo lo habríamos perdido, porque el hotel no confirmó en ningún momento que hubiéramos recibido la nota.
05 a 08 de Julio de 2017 CAYO COCO
Llegamos al aeropuerto de Cayo Coco sobre las 11 de la mañana, después de hacer el trayecto con una parada en Holguín. El aeropuerto del cayo, como es de imaginar, es muy pequeño. Las maletas salieron rápido y el autobús ya nos estaba esperando para llevarnos a nuestro hotel: Melia Cayo Coco , solo para adultos.
La habitación de hotel que nos tocó fue una de las que están en las casitas de la laguna. Dicen que son las mejores. Bastante completas. Amplias y con un blacón y hamacas, aunque tampoco es que se pueda estar ahí al sol... 
Hay caja fuerte, plancha y tabla de planchar...El baño completo, con gel de ducha, cremas, secador, espejo de maquillaje...
La piscina del hotel está muy bien. Es bastante grande, y los animadores siempre te invitan a jugar a voley. No hay problema para encontrar hamacas, camas o palapas; siempre hay disponibles cerca de la piscina o un poco más retiradas. Es un hotel muy tranquilo porque no admite niños, lo que te permite relajarte con tu refresco, piña colada (por cierto, deliciosa) o mojito... 
Es un hotel en régimen de Todo Incluido, sin restricciones. Hay tres restaurantes a la carta, para los que hay que hacer reserva, un buffet y junto a la piscina un pequeño bar, que sirve tentempiés. 
Nosotras solo pudimos cenar en uno de los restaurantes, el Internacional, porque los otros estaban completos. La comida está muy buena, pero hay que armarse de paciencia porque son muy lentos... como en la mayoría de los lugares que comimos, la verdad.
La primera noche en el hotel se celebró una fiesta en la playa. Diversión a montones: bailes, ron, música, risas... Los monitores divertidísimos, enseñándonos a bailar salsa. Fue una noche estupenda. 
Al día siguiente por la mañana decidimos hacer una excursión. Desde el hotel se puede subir al bus que recorre los diferentes complejos hoteleros hasta llegar a Playa Pilar, en Cayo Guillermo. Se tarda algo más de una hora. Los autobuses están muy bien; son del tipo turístico de dos pisos. El superior descubierto, para poder ir viendo el paisaje y la laguna de flamencos que se encuentra de paso.
La playa del hotel es una preciosidad, hacía un poco de viento, pero era de agradecer, porque el calor era tremendo. Existe la posibilidad de practicar actividades acuáticas como paseo en catamarán o snorkel (20CUC la hora). También hay un centro de buceo (45CUC la inmersión.
Saliendo a la playa y caminando en dirección izquierda durante unos diez minutos, la naturaleza nos sorprende con otra playa si cabe mejor que la del hotel, la Playa Larga. Es visitada por locales, tiene forma redonda, como si fuera una pequeña bahía, por lo que el aire desaparece. Hay que caminar bastante para que cubra, pero el agua es absolutamente cristalina y limpia, y debido a los bancos de arena, es una preciosidad ver las diferentes tonalidades de azules.


La última noche otro poquito de fiesta en el hotel: La noche blanca. Todo el mundo debía llevar ropa de este color. En el lobby del hotel, se colocó un DJ y pinchó música variada durante varias horas. Al principio parecía que la gente no se animaba demasiado, pero al final éramos varios los que estábamos en la "improvisada" pista de baile.


Tras la fiesta, a dormir... Al día siguiente de vuelta a mi adorada Habana en el vuelo de las 10 de la mañana. Aún nos quedaba un día completo!!
08 de Julio de 2017
Vuelo directo Cayo Coco - La Habana. Tardamos más en llegar al hotel desde el aeropuerto que en el vuelo. El autobús fue pasando por todos los hoteles para ir dejando al resto de turistas. Al menos pudimos seguir viendo la ciudad con aire acondicionado... Dejamos las maletas en la habitación del hotel y mientras algunas de las chicas decidieron descansar, yo me fui a dar un paseo por las calles de los alrededores del hotel. ¿Última tarde en La Habana y quedarme a dormir? ¡Ni hablar! 
Con el cielo encapotado y truenos de banda sonora salimos a caminar, rezando para que no cayera uno de los tremendos chaparrones tropicales típicos en la ciudad... Tuvimos suerte.


Bajando por el Paseo del Prado, se llega a uno de los lugares que yo he encontrado con más encanto: el malecón. El Paseo del Prado marca el límite entre La Habana Vieja y Centro Habana. Y es un lugar muy concurrido, donde podemos encontrar gente sentada charlando, niños jugando o jóvenes escuchando música y en patinetes.

De punta a punta, el malecón tiene unos 8 km de longitud. Merece la pena caminar un buen rato dando un paseo al atardecer para ver la puesta de sol e intercambiar alguna conversación con los lugareños. Salen también a pasear, a pescar, a tomar algo fresco, a comer o simplemente a sentarse junto al mar.
 
09 de Julio de 2017
Mañana final en Cuba. Hasta las 15.30h el autobús no viene a recogernos para ir al aeropuerto, así que, después de dejar las maletas en consigna, volvemos a salir a la calle. Hay que aprovechar hasta el último momento. 
Nos faltaba el paseo en cocotaxi, esos divertidos y peculiares vehículos amarillos, en los que vas viendo las calles  en un primer plano motorizado.
Primera parada: el callejón de Hamel, centro de reunión de las personas que practican las tradiciones o rituales afrocubanos. Lugar peculiar, no solo porque en él se puede desde recibir una bendición yoruba de manos de un babalao (sacerdote), saber de qué orisha eres hijo, o asistir los domingos a una de las danzas tradicionales, bailadas por hombres y mujeres vestidas con ropajes multicolores, hasta contemplar la obra del pintor cubano Salvador González Escalona, artista artífice del proyecto, mediante el que se ayuda a niños a aprender a pintar y se realizan todo tipo de esculturas reutilizando material de todo tipo, desde viejos ventiladores hasta bañeras o cajas de metal.







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 Para acabar el recorrido, le pedimos a los conductores de los cocotaxis que nos dejaran en el mercado de la artesanía. Queríamos comprar algún recuerdo, y ese es uno de los mejores sitios de la ciudad, muy cómodo, ya que se puede encontrar absolutamente de todo en los más de 300 puestos, desde pinturas a abanicos, joyas, muñecos, ropa, comida o cerámica.
 

Está en la avenida del puerto y eran unos antiguos almacenes en los que se guardaba azúcar, aguardiente, arroz, café, ladrillos, maquinaria para los ingenios, algodón y tabaco, entre otros productos.
Durante un tiempo, también se convirtió en un espacio cultural con exposiciones de pintura y fotografía, representaciones teatrales y actividades recreativas para los niños. Es un lugar popular tanto para los turistas como para los propios cubanos.


Con ese buen último recuerdo, nos dirigimos al hotel para comer algo antes de salir hacia el aeropuerto y poner rumbo de vuelta a casa. Con más buenos momentos vividos que acumular en la memoria y deseando planificar un nuevo destino, junto a mis compañeras de viajes y amigas: Isabel, Belén, Pili y Lidia, a quien agradezco enormemente los divertidísimos momentos que me han hecho pasar y las risas que hemos compartido. 














  

 

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